Aunque el futuro que más factible se me antoja es el de humanos con procesadores artificiales como accesorio cerebral que les ayude con cálculos probabilísticos (algo que el cerebro humano ejecuta muy mal) o matemáticos en general y de almacenamiento de memoria como general, es obvio que el momento en el que la capacidad computacional de las máquinas sea superior a la suma de los miles de millones de cerebros humanos existentes se acerca.
Y soy de los que están a favor de darle poder total de actuación a dicha entidad –llámalo Internet, llámalo Skynet, llámalo como quieras–, bajo las reglas de la robótica, que cada apéndice de esta inteligencia artificial global (léase cualquier robot o máquina -autónoma o no- con suficiente capacidad) sea libre de actuar y ejecutar.
Quiero poner un ejemplo, si tú eres entrenador de perros profesional y tienes 2 perros ¿quién sabe qué es lo mejor para ellos? ¿es mejor que coman una rata muerta del suelo, o carne de vaca cocida? –ejemplos extremos–, ¿está bien que se metan en un lago de agua helada sólo para perseguir un pez que han visto desde la orilla? Son ejemplos de cómo un nivel de inteligencia inferior necesitan de la tutela de uno superior. Son casos dónde la pérdida de libertad de elección es despreciable, y además, aconsejable.
¡Oh! ¡Pérdida de libertades! ¡Exclavitud hacia las máquinas! Dirán algunos. Cambia las palabras ‘entrenador de perros profesional’ por Padre/Madre/Profesor, y ‘perros’ por niños. ¿A que todo cambia ahora? Si permitimos ser tutelados por seres con mayor conocimiento y capacidad ¿por qué no los inteligencias artificiales?
Con las tres leyes y capacidad empática –cosa que las tres leyes implican– todos los problemas de abuso de poder están solucionados. No cómo con los tutelas o poderes a cargo de humanos: altos cargos ejecutivos privados y gobiernos. Qué a menudo la olvidan o carecen de ella.
Lo que quiero decir, es que tenemos la obligación moral de ceder ante alguien que nos lleve a mejores elecciones, a pesar de que puedan ser incomprensibles para nosotros, igual que un niño no entiende que sus padres le manden comer verduras en vez de chocolate, o que no dejemos cruzar la carretera a nuestros perros.
Una inteligencia lo suficiéntemente avanzada tendrá superior capacidad de toma de decisiones y debemos respetarla.
¡Oh! ¡Es lo mismo que hacen los teístas! Dirán otros. No. Porque ellos no se basan en la ciencia, en datos comprobables, confían su vida ciégamente a un ente externo inexistente, ahí la diferencia.
Para que la tutela sea efectiva, y como a pesar de la subordinación, el ser humano tiene una capacidad suficiente –aparentemente, en espera de que aparezca algo con IQ de 1 millón y nos rompa los esquemas– debe existir una comunicación transparente de ideas entre ambas partes, al igual que existe entre un Profesor y sus alumnos adultos, por ejemplo.
No penséis en ello como un HAL9000, como un Skynet, una Matrix, o como un humanoide que de miedo, porque eso no va a ocurrir, pensad en un ente superior en capacidad, distribuído, empático y moralmente superior que nos ayude como especie.
Quiero dar mi opinión sobre uno de los hechos que lleva ocurriendo desde hace unos años en este país, y que opino que es antidemocrático.